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lunes, 26 de junio de 2017

QUE LO URGENTE NO TE IMPIDA OCUPARTE DE LO IMPORTANTE



Los trabajadores sociales desarrollamos nuestra actividad profesional con personas inmersas en problemáticas que les generan fuertes sentimientos de frustración y preocupación, por lo que las intervenciones sociales suelen tener una alta carga emocional que la persona va a tender a proyectar sobre el profesional, intentando trasladarlale la responsabilidad de la resolución de los problemas.

Por ello, nuestro trabajo debe encaminarse a evitar una actitud paternalista y asistencialista en las intervenciones sociales, haciendo que la persona sea consciente de la situación, se responsabilice de la misma y tome las riendas para su resolución, facilitándoles los apoyos necesarios, fomentando su propia autodeterminación, y sacando afuera sus potencialidades.

Entre las cuestiones que más estrés pueden generar al profesional; está esa constante por mantener la distancia evitando la proyección; así como la dificultad para acceder a recursos sociales que puedan facilitar la mejora de la situación; y el desarrollo de la intervención donde la persona se va a poner en manos del profesional confiando en que la urgencia con la que vivencia su situación se traslade a la pronta resolución de las dificultades, lo que va a aumentar la presión sobre el trabajador social que a su vez juega con los propios tiempos de resolución para las ayudas o recursos gestionados.

Y teniendo en cuenta que no sólo intervenimos con una persona o familia, sino que lo normal es que atendamos a varias familias con diversas problemáticas y situaciones, esta presión es constante. Asímismo,  influyen los tiempos de trabajo, la sobrecarga laboral y la presión ejercida por las instituciones y entidades en las que trabajamos.
Esta presión constante ejercida sobre el profesional, si este no la gestiona adecuadamente, puede generar una situación de estrés permanente que le lleve a sufrir enfermedades psicosociales como ansiedad, depresión o queme profesional.

¿Pero como afecta a su vez este ritmo de trabajo a la vida personal del trabajador social?
Pues en ocasiones y, especialmente cuando comenzamos a gestionar mal esta presión constante, tendemos a trasladar los problemas y la tensión emocional al plano personal. 
Aunque se nos insiste sobre ello constantemente tanto en el ámbito académico como en el profesional; no siempre es sencillo dejar en el despacho las situaciones con las que trabajamos y, aunque somos conscientes de que no es sano, corremos el riesgo de acabar llevándonos los casos a casa y, de forma generalmente inconsciente, continuar trabajando sobre los mismos incluso mientras dormimos.

Sobra decir lo insano de estas situaciones. Si bien, pocos son los profesionales que no se reconocerán en las mismas.
Los que acostumbramos a cometer este error, lo justificamos con la urgencia y la responsabilidad sobre la resolución de las situaciones con las que trabajamos.
Lo más grave, desde mi punto de vista, es que esta situación llega a generar que no exista una línea divisoria entre tu propia vida y tu situación familiar, y tus tareas laborales.
Y el riesgo aumenta cuando el plano personal se mantiene estable y es favorable; cuando el profesional tiene una vida personal feliz, corre mayor riesgo de priorizar sobre los asuntos laborales, dedicando mayor energía y tiempo.

Hemos de aprender a gestionar los tiempos para una esfera y otra, a compaginarlas y equilibrarlas; o correremos el riesgo de que lo urgente no nos deje ocuparnos de lo realmente importante.
Porque para que podamos ayudar a las personas que demandan nuestra ayuda, hemos de estar bien, estables, sanos y felices.
Es importante que no dejemos de lado las pequeñas cosas, y a las personas que nos quieren y nos cuidan, porque siempre serán nuestro norte y nuestra guía para no equivocarnos en el camino.

Os dejo un pequeño corto; "El monje equivocado", que insiste en la idea del aquí y del ahora, y la importancia de no dejarnos absorber por las rutinas cotidianas, dejando de ocuparnos de aquello y aquellos que merecen también nuestra atención, sin darnos cuenta que podemos perder esas oportunidades para disfrutarlos y ser realmente felices.



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martes, 6 de junio de 2017

CUIDAR AL QUE CUIDA

Hace un par de meses, coincidiendo con mi estancia en el hospital para alumbrar a mis dos retoños; me publicaron un artículo sobre el cuidado de los profesionales del Trabajo Social, escrito para el espacio que el Colegio de Trabajadores Sociales de Castilla-La Mancha mantiene en varios períodicos de la región.
La iniciativa del Colegio; "Hablemos de Trabajo Social", pretende acercar esta bonita profesión a los castellano-manchegos, con publicaciones periódicas de los diferentes profesionales de la región.
Así, antes de que mi vida diera un vuelco de 180 grados, me animé a escribir una pequeña aportación para dar a conocer los riesgos psicosociales que conlleva nuestra profesión.
Por fin encuentro el momento para conciliar vida familiar y profesional, y poder haceroslo llegar,  para que también podais opinar sobre el mismo. 



Importancia del cuidado del Trabajador Social como principal recurso de ayuda
En una profesión como el Trabajo Social, basada en la relación de ayuda, donde las capacidades y aptitudes del profesional deben ser las principales herramientas de la intervención social, y el establecimiento del vínculo interpersonal es determinante; parece evidente que el esfuerzo de las instituciones se destine a cuidar estos recursos personales, facilitando los soportes necesarios para mejorar su formación y capacidades, y reducir los factores de riesgo que puedan afectar a su estado emocional, cognitivo, fisiológico y de comportamiento.
Sin embargo, tanto las instituciones como los propios profesionales aún no somos del todo conscientes del riesgo que conlleva el no cuidarnos, tanto a nivel personal como a nivel profesional, cuando los servicios ofrecidos se destinan a mejorar el bienestar social de las personas atendidas.
Los trabajadores sociales desarrollamos nuestra intervención diaria en un contexto social lleno de incertidumbres donde el aumento de las desigualdades y la vulnerabilidad social, genera cada vez más sectores de población que demanda ayuda para hacer frente a sus dificultades y no caer en situación de pobreza y exclusión social, o para salir de las mismas.
Gran parte del trabajo es escuchar activamente las demandas y problemas de otros durante horas, días y años; lo que influye de manera muy directa sobre la vida personal, familiar y profesional del trabajador social. Si bien, pocos son los recursos de apoyo y la documentación existente sobre los riesgos psicosociales de los Trabajadores Sociales, cómo prevenirlos y cómo tratarlos.
Por ello, la escasez de recursos, los dilemas éticos a los que nos enfrentamos y, en ocasiones, la falta de apoyo estratégico de las instituciones, nos genera una sobrecarga emocional y laboral, así como sentimientos de incomprensión ante la falta de apoyo y recursos para desarrollar nuestro trabajo; generando situaciones de frustración y queme profesional, convirtiendo el trabajo en una prisión, lo que puede llevarnos a no prestar una intervención de calidad, lo que afecta directamente al bienestar de las personas que intentamos ayudar; así como a sufrir nosotros y nosotras mismas enfermedades psicosociales, bajas laborales e incluso abandono del trabajo.
Es importante que, tanto las organizaciones como los profesionales, reconozcamos la necesidad de reflexionar sobre aquello que se hace, como instrumento de mejora continua; así como la necesidad de incorporar estrategias de apoyo para aumentar el desarrollo personal y profesional, considerando a los profesionales del Trabajo Social como un valor en alza para la sociedad.
Si bien, como reflejan diferentes estudios y autores, a los trabajadores sociales (igual que a otros profesionales de la salud y el bienestar) nos cuesta reconocer que sufrimos desgaste y que tenemos que aprender a pedir ayuda. Necesitamos reconocer que las diferentes etapas del ciclo vital por las que todos pasamos al igual que situaciones de enfermedad nuestras o de nuestros familiares más cercanos, situaciones de incapacidad, o muerte de un ser querido; necesitan que nos paremos para elaborar lo sucedido y darnos un tiempo para retomar con nuevas energías nuestra vida y poder continuar ayudando a los demás de forma positiva.
Como señala Carmina Puig (2011), las organizaciones y los profesionales deben destinar los recursos suficientes para evitar el grave riesgo que comporta no atenderse y no cuidarse; por rentabilidad económica, por razones de prevención ante el desgaste y la no implicación en la organización, así como por razones de calidad del servicio que se ofrece a las personas.
Dicha responsabilidad se refleja en diferentes normativas y códigos éticos, como por ejemplo en la Declaración de Principios de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales (FITS) aprobada en 2004, la cual recoge la obligación de los trabajadores sociales de hacer lo necesario para cuidar de sí mismos profesional y personalmente en el lugar del trabajo y en la sociedad, para asegurarse de que puedan ofrecer los servicios adecuados.
Así mismo, las diferentes Leyes de Servicios Sociales aprobadas en nuestro país en los últimos años recogen la importancia del factor humano dentro de los servicios sociales, haciendo referencia en todas ellas al derecho de apoyo a los profesionales, como metodología de mejora de las propias organizaciones, cuyo fin último es el aumento de la calidad del servicio prestado a las personas.
Por todo ello, ha de promoverse el interés por ayudar al que ayuda, dotando a los profesionales del Trabajo Social de herramientas y de mayores competencias para enfrentarse a las dificultades que se presentan en el día a día de la intervención social.
Herramientas y recursos como pueden ser: comisiones deontológicas, servicios de supervisión de apoyo, formación continua, talleres de coaching, refuerzo de equipos de trabajo e implementación de la figura de coordinador de equipo, reorganización de los tiempos de trabajo, y por supuesto, inversión pública en los recursos de bienestar social.
En un momento como el actual, en el que las restricciones presupuestarias hacen que los profesionales de la acción social emerjan con más valor, si cabe, presentándose como el principal recurso de las instituciones; se hace imprescindible el cuidado y apoyo de los profesionales, convirtiendo la crisis en una oportunidad para la formación y el bienestar de los trabajadores sociales, lo que sin duda repercutirá directamente en la calidad de los servicios prestados y el bienestar de la ciudadanía a la que dirigimos nuestros servicios.

Publicado en los siguientes medios:
- El Diario:  http://www.eldiario.es/clm/palabras-clave/Cuidar-cuida_6_633146680.html
- TuAlbacete: http://tualbacete.com/cuidar-al-que-cuida-importancia-del-cuidado-del-trabajador-social-como-principal-recurso-de-ayuda/
- La Cerca: http://www.lacerca.com/noticias/articulos_opinion/cuidar-cuida-359971-1.html
- Tarancón Digital: http://www.tarancondigital.es/importancia-del-cuidado-del-trabajador-social-como-principal-recurso-de-ayuda/
- ClM24:  http://www.clm24.es/opinion/colegio-trabajo-social/cuidar-al-que-cuida/20170417083515154974.html

martes, 16 de mayo de 2017

RUTINAS BREVES DE AUTOCUIDADO

Navegando por la red he encontrado algunas infografías interesantes que pueden ayudarnos en nuestras rutinas de autocuidado. 
 
Se trata de breves consejos que podemos incluir en nuestra galería de fotos del móvil, en el ordenador del trabajo, o incluso podrás imprimirlos y situarlos en un lugar visible de tu despacho.

Sólo necesitas dedicar unos minutos para hacer una breve pausa y seguir los consejos indicados en las mismas, favoreciendo la desconexión de las tareas y previniendo la sobrecarga.

Aconsejan parar al menos 10 minutos cada tres horas de trabajo.
Debido a la presión a la que estamos sometidos los Trabajadores Sociales en la mayoría de nuestras entrevistas individuales y mediaciones familiares, yo aconsejaría, al menos, tomar cinco minutos tras cada intervención para poder realizar algunos de estos ejercicios y cerrar la intervención a través de la relajación, preparándonos para la siguiente.

En esta primera infografía, se nos muestra cómo realizar pausas activas, especialmente indicadas cuando nuestro trabajo se desarrolla en el despacho llevando a cabo las entrevistas, o realizando trabajo administrativo de realización de informes sociales u otros trámites.
Así, se insiste en cómo estos sencillos ejercicios nos pueden ayudar a recuperar energías para un desempeño eficaz del trabajo, reducción de la fatiga laboral y los trastornos osteomusculares, y por supuesto, evitar el estrés.

Para ello, los ejercicios propuestos se centrarán en la relajación de ojos; ejercicios para la relajación del cuello y de los hombros; y por último, se plantea un masaje para las manos.

  
En la segunda infografía, también se muestran ejercicios sencillos para realizar en el entorno laboral, para aliviar el estrés.

Como podemos ver, tan sólo necesitamos 1 minuto para llevar a cabo estos ejercicios, con lo cual no valen excusas para no realizarlos.

El estrés prolongado tiene consecuencias en la salud osteomuscular, así como la tendencia a permanecer en una posición estática durante más de veinte minutos; tiempo que sin duda sobrepasamos en la mayoría de las entrevistas personales que llevamos a cabo en el despacho.

Por tanto, insistir en la importancia de incorporar estas sencillas rutinas de autocuidado en nuestra actividad profesional para poder cuidarnos tanto a nivel físico como mental, mejorando por tanto la calidad de nuestras intervenciones.
   
 
Por último, os dejo una meditación guiada que tan sólo os llevará 10 minutos realizarla.